“Alerta máxima: desalojan juzgados del TSJ en CDMX por amenaza de bomba”
El edificio del Poder Judicial local en la colonia San Ángel Inn se convirtió este jueves en el epicentro de una alerta de seguridad que mantuvo en vilo a decenas de trabajadores y visitantes. Pasadas las primeras horas de la mañana, personal especializado del Agrupamiento Zorros —unidad de élite en la detección de explosivos— desplegó un operativo minucioso en las instalaciones, revisando cada rincón en busca de objetos sospechosos que pudieran representar un peligro para quienes se encontraban en el lugar.
La medida obligó a evacuar de inmediato a los empleados, quienes, ante la desactivación de los elevadores por precaución, tuvieron que descender por las escaleras en un ambiente de tensión palpable. “Nos dijeron que había una bomba”, relató una de las trabajadoras, cuya voz reflejaba el nerviosismo del momento. Aunque la amenaza no se materializó, el simple anuncio bastó para sembrar el caos en los pasillos y oficinas de los juzgados federales.
El incidente no fue aislado. Apenas un día antes, una llamada anónima —presuntamente vinculada al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG)— había desatado una situación similar en el mismo complejo. Las autoridades, sin embargo, confirmaron que se trató de una falsa alarma, aunque el daño ya estaba hecho: el miedo se había instalado entre el personal y los usuarios del sistema judicial. Fuentes cercanas a la investigación señalaron que este tipo de amenazas, aunque recurrentes en los últimos meses, rara vez tienen fundamento, pero obligan a activar protocolos de emergencia para garantizar la seguridad de todos.
Mientras los expertos en explosivos continuaban con su labor, los trabajadores evacuados aguardaban en las afueras del edificio, algunos con rostros de incredulidad, otros con la resignación de quien ya ha vivido situaciones similares. “Es desgastante”, comentó un empleado judicial que prefirió mantener el anonimato. “Uno viene a trabajar con la idea de hacer su labor, pero nunca sabe si hoy será el día en que algo así pase de ser una amenaza a una realidad”.
Las autoridades no han revelado detalles sobre el origen exacto de la llamada que desencadenó la evacuación de este jueves, pero todo apunta a que sigue el mismo patrón de las amenazas previas: mensajes breves, sin pruebas concretas, pero con el suficiente peso como para paralizar por horas el funcionamiento de una institución clave. Mientras tanto, el Agrupamiento Zorros mantiene su presencia en el lugar, revisando cada piso, cada archivo, cada rincón donde pudiera esconderse un artefacto. La prioridad, insisten, es clara: descartar cualquier riesgo antes de permitir el regreso a la normalidad.
Para muchos, sin embargo, la normalidad parece cada vez más lejana. En un contexto donde la violencia del crimen organizado se filtra incluso en los espacios destinados a impartir justicia, las falsas alarmas se han convertido en una herramienta más de intimidación. Y aunque esta vez no hubo explosivos ni víctimas, el mensaje quedó claro: nadie está a salvo del miedo.